Al pintar, lo que buscamos conseguir es un entrenamiento de la motricidad fina o delgada, que se refiere al entrenamiento de la musculatura de las manos. Este entrenamiento es necesario para hacer actividades tan especificas como pintar o escribir, pero en la edad de nuestros mayores, nuestro objetivo no es solo mantener estas capacidades, sino que también aparece la necesidad de estimular otras habilidades manuales para poder desarrollar lo más autónomo posible aquellas que son necesarias para la vida diaria, como el comer, asearnos, o rascarnos la nariz. Por ello, es esencial entrenar la musculatura de las manos y así conservar todas nuestras capacidades el mayor tiempo posible, o incluso volver a recuperar las en el caso de la rehabilitación. 

Por otra parte, cuando hablamos de psicomotricidad hacemos referencia a la función motriz y a la capacidad psíquica de un individuo englobando los componentes socioafectivos en los que interviene las relaciones que establece el individuo, los comportamientos y los sentimientos, y el componente cognitivo que determina las capacidades y aptitudes del individuo.

Esto hace que el movimiento no sea simplemente una actividad mecánica o necesaria sino que influye en las funciones psíquicas de una persona, siendo la vía de relación con el mundo que le rodea, y con ello, modificando y mejorando las relaciones interpersonales.  

Así pues, con la psicomotricidad conseguimos optimizar la independencia funcional y la calidad de vida del residente, favoreciendo el desarrollo motor, trabajando la relajación, controlando los impulsos, aumentando el bienestar emocional y vivenciando la alegría. Estableciendo relaciones sociales mientras se produce la sesión y aumentando nuestra atención entre otras.